«Una vez, qué será,
ya no se muere por
media pastilla,
lo hacen todos,
voy a probar yo también,
si, una vez qué
será...»
Así pensó Giorgia Benusiglio, el 16 de octubre de 1999, en una discoteca de Desenzano del Garda. Pero se muere, por media pastilla de ecstasy. Giorgia ahora lo sabe. La han cogido por el pelo, en
el Niguarda de Milano. Porque Giorgia habría muerto en pocas horas. Como su hígado matado por la droga. Tuvieron que cambiarle el hígado. ¡Y suerte que encontraron uno enseguida!
El 16 de octobre de 1999 Giorgia tenía 17 años recién cumplidos. Nacía en Milano el 27 de julio de 1982. Giorgia tenía una regla que respetar con sus padres: si tenía buenos resultados en la escuela podía salir. Giorgia hablaba mucho con sus padres y tenía una relación bonita con ellos. Tenía un novio. Giorgia frecuentaba un instituto lingüístico porque su padre tenía una agencia de viajes y pensaba coger su trabajo. El 16 de octubre de 1999, en una discoteca de Desenzano del Garda, tomó media pastilla de ecstasy. Un cuarto y otro cuarto. No tenía que arriesgar. Bailó sin
problemas. Se encontró mal el día siguiente, cuándo fue a la escuela y se desmayó. Era muy delgada y pesaba 45kg. Giorgia tenía desmayos, le faltaba el aliento. En ese periodo comía muy poco. Una semana después Giorgia se miró al espejo y vio bajo sus ojos un poco de amarillo, síntoma de la pastilla. El mismo día a las ocho en punto Giorgia llamó a la madre de su amigo, que se fue inmediatamente a por ella. Viendo los síntomas obligó a Giorgia para ir al hospital, donde enseguida la visitaron. Giorgia, en esos días vivía en el hospital y los doctores le daban de comer comida que contenía azúcar, para regenerar el hígado. Un día su padre fue a verla y le dijo que un chico había hecho un accidente en ciclomotor, y así tenía que donar su hígado. Giorgia no
se lo podía creer: iba a tener un nuevo hígado, pero viendo la enfermera que asintía, se convenció que era realidad. Tenía que sufrir el trasplante por la mañana. Tenía pocas horas de vida. Seis. Han decidido de anticipar el trasplante, porque los órganos ya habían llegado desde Ancona. La intervención duró 17 horas. Giorgia tenía cuatros drenajes para dejar salir los líquidos que
se habían formado durante la operación. Poco a poco tenían que quitarselo pero según parece le quitaron, uno que no tenían que quitar. Giorgia empezó a hincharse. Una noche se había llenado tanto que la infección había llegado a los pulmónes. Giorgia no podía respirar. Durante el trayecto para ir a hacer los examenes la botella de oxígeno era defectuosa y no funcionaba. Cuándo se despertó, notó que le habían puesto un tubo en los pulmónes. No lograba todavía
respirar. Tenía que aprender a hacer pequeños alientos. Por el trasplante le cortaron algunas costillas y le pusieron un nuevo drenaje más grande del otro entre las otras costillas. Un intervención de 5 horas. Pesaba 27kg. Era llena de flebo. Giorgia tenía que hacer un examen llamado hecografía: se trataba de poner una cámarina en el cuello hasta el estómago y al hígado. Un dolor fortísimo.después de un mes y medio de terapia, Giorgia pasó a la sección «normal». En esa se sentía mejor, sin el ruido de esos maquinarios que era fijada. Giorgia volvó a casa para celebrar la Navidad con su familia. Cuándo se curó, Giorgia fue a muchos colegios e institutos con su padre para advertir los chicos y las chicas de quedarse lejos de la droga, que puede ser letal. Los chicos la trataban como una ceniza porque para ellos eso le pasó solo a ella,
porque no estuvo atenta. Pero esta cosa podía pasar a cualquiera, porque también Giorgia era una chica normal.
Ale M.
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